MUJER EN LA VENTANA
Te encontré en la ventana,
asomada a la noche con tus ojos de fuego,
con tu amplia sonrisa,
con tus cabellos sueltos de sirena.
Vi tu rostro encendido
y toda la fachada se iluminó de pronto
y todas las estrellas bailaron una danza
y la calle contuvo
su aliento mientras tú me contemplabas.
Observé ese silencio
mirando de puntillas hacia arriba
mientras los automóviles querían ser gaviotas
y el cubo de basura deseaba ser árbol,
mientras mi corazón
te enviaba mensajes que el tuyo descifraba.
Disfruté aquel instante
queriendo retenerlo en mis pupilas,
queriendo ser pintor para poder pintarlo,
queriendo ser poeta para poder decirlo,
queriendo ser un músico
para poder plasmarlo en una melodía
que llevase tu nombre.
Te miré en la ventana
y a lo lejos, el mar, te tuvo envidia.
© Ballester
POEMA DE LAS NOCHES
De repente, mis noches
se empeñan en buscarte inútilmente
sabiendo que eres sólo
una flor descubierta entre dos sueños,
un soplo de aire limpio,
un milagro al alcance de cada madrugada.
De repente te siento
adherida a mis sueños como si fueras ángel,
encendiendo mis labios igual que dos cuchillos,
revolviendo mi entraña
hasta dejarme ebrio de tu nombre.
De repente me encuentro
dibujando palabras que acaso no debiera,
imaginando estrellas que no me corresponden,
adentrándome en sendas
que acaso son locura, o vanidad, o vida.
De repente, no sé, pero las noches
son una masa oscura de pájaros cantores,
huracanes calientes que susurran tu cuerpo,
ríos que se desbordan al evocar tu imagen.
De repente, comprendo
por qué los olivares se han quedado
pálidos al mirarte.
© Ballester
POEMA CON FONDO BLANCO
Papel, papel... y un nombre que me ronda,
y un rostro sin contorno que me acecha.
Papel, papel... abrazo de anaconda,
soga, veneno, flecha.
Un poema, dos, cien, quinientos, mil,
cifras que me apabullan, que dan miedo.
Qué larga partitura en este atril,
tu piel, donde me enredo.
Todo lo mismo y todo diferente,
palabras, sensaciones, añoranza.
Kilómetros de tinta como un puente
hacia un mar que no avanza.
Amor, distante amor, que se resiste
a dejarse envolver por la rutina.
Espacio en donde el alma se desviste
de hielo y de neblina.
Silencio, sí, silencio, noche y luna,
ojos, cabellos, labios, piel que quema
mientras en vano tiento a la fortuna
poema tras poema.
© Ballester
YO PENSABA
Mientras ellos estaban
bebiéndose la vida en un garito
y llenando de excesos otro lunes,
yo pensaba en tus labios.
Yo pensaba en tu cuerpo hundido en el mañana,
pensaba en los confines violentos de tu boca,
en la sed de tus manos,
en el pájaro hermoso que crece entre tus muslos.
Mientras ellos dejaban
su juventud colgada entre dos hielos
y rendían tributo
a ese dios con resaca que flota en los oscuros
pliegues de cualquier calle,
yo pensaba en tus ojos.
Yo pensaba en un tiempo con olor a manzanas,
pensaba en el secreto de tu lluvia constante,
y en el mar de tu alcoba
y en la flor de tu huerto
y en las páginas blancas que pronto he de escribirte.
Mientras ellos morían
en la ruidosa calma de una noche cualquiera.
© Ballester
POEMA DE LA BOCA
Tu boca es un poema delicado y perfecto,
un silencio elocuente, un pájaro que vuela,
un diamante, una fresa, un arroyo, un insecto,
un fuego que me hiela.
Tu boca es ese verso que un trovador compuso,
es la razón del loco, el alivio del triste,
es el pan del hambriento, es la luz del confuso,
el traje que me viste.
Tu boca, no, tu boca no puede ser descrita,
no puede ser contada, no precisa adjetivos,
la soledad arranca y las tristezas quita
a mis ojos cautivos.
Tu boca es la elegancia, el ala del querube,
la mariposa rara que liba corazones,
es el sol en invierno, en verano la nube,
y escapa a mis razones.
Tu boca es un pincel donde nacen los besos,
un ánfora de carne que emite suaves notas,
mas, ay de mí, que nunca podré bañarme en esos
dos vuelos de gaviotas.
© Ballester
RAPSODIA EN AZUL OSCURO
En esta hermosa tarde de soledad y hastío
en que me enfrento a ciegas al silencio y la pena,
todo mi ser se hunde en la doliente arena
de una frase maldita y un verso que no es mío.
Solo unas gotas, solo, de ese lloro apagado,
de ese rumor de llanto que mis ojos golpea,
solo unas gotas, pero, contra viento y marea,
me he de quedar en tierra soportando el pasado.
No estoy vivo esta tarde tan llena de belleza,
no estoy entre los hombres, ni siento, ni reposo,
una viscosa sombra se empeña en darme acoso
y una voz que no suena se enreda en mi cabeza.
Es inútil, comprendo, luchar contra esta nada,
hacer frente a la tarde, plantarle cara al miedo,
es inútil, lo sé, y por eso me quedo
con la palabra herida y el alma desterrada.
Oigo la multitud como quien oye pasos,
siento rostros risueños que son mi pesadilla,
en esta hermosa tarde que se hiela en la orilla
de mis turbios anhelos prisioneros y escasos.
© Ballester
POEMA CON UNA ESQUINA ROTA
Va a llover esta noche.
Hay un pálido cielo color verde
llenándose de ranas,
cubriéndose de monstruos blandos como un espejo,
a punto de inundarse de tristeza.
Va a ser lluvia viscosa en mis oídos
como si las sirenas descargasen su canto,
su mortal melodía color verde,
como si los ratones
acamparan de pronto en el cerebro
jugando a recorrer sus oscuros rincones.
Va a llover nuevamente
como una lengua exhausta de contar sus pecados,
como un viejo borracho
soñando con los muslos de las adolescentes.
Va a llover color verde
sobre la masa gris de los tejados,
de todos los tejados que me cubren
mientras que las estrellas se estrellan en mi rostro
y las princesas quieren dejar de ser honestas.
Va a llover, va a llover entre algodones,
va a llover carcajadas,
risas humedecidas que se burlan
cayendo en los confines de mis ojos de perla
falsos como un suspiro.
Va a llover margaritas
sobre el verde desierto de la noche.
© Ballester
OTRO POEMA
Empiezo otro poema, uno de tantos
como el que estrena un bolso o una corbata.
No sé aún de qué va, sobre qué trata,
si de ausencias, de amores o de llantos.
Cuántos he escrito así, cuántos y cuántos
hermosos, mas con alma de hojalata.
Hay algo cada noche que maniata
las imposibles notas de mis cantos.
Empiezo otro poema, pero intuyo
que una vez más tendrá como destino
el implacable cesto de papeles.
Porque el verso final ya está en camino
hiriendo lo profundo de mi orgullo
con su sordo rumor de cascabeles.
© Ballester
DÍA DE REGALO
Hay veces que la vida te regala un domingo,
un día diferente
lleno de sol, de pájaros,
de mujeres hermosas, de amapolas,
un día en que te sientes casi humano
y desprendes amor por los cuatro costados.
Hay veces que la vida te sabe a primavera,
que encuentras la belleza en cada cosa,
que serías capaz de perdonar,
de compartir, de darte,
de mirarte al espejo sin apartar el rostro.
Hay veces que la vida
se enamora de ti, que te permite
olvidar un momento el disfraz que te oculta
y dejar que tu lengua sólo diga verdades
y que diga '¿se puede?', y 'gracias' y 'lo siento'.
Hay veces que la vida nos invita
y se paga seis rondas
en la taberna escasa de la felicidad.
© Ballester
CUANDO QUISE
Cuando quise volver a donde nunca estuve
ya era tarde;
cuando quise salir de donde nunca entré
ya era inútil;
cuando quise olvidar lo que nunca supe
ya era viejo;
y cuando quise querer lo que nunca quise
ya era de otro.
© Ballester