El poeta Joan Margarit, que acaba de publicar su último libro, "Casa de Misericordia", ha dicho a Efe que "fuera de la poesía, del arte, sólo está la intemperie, la barbarie".
En una entrevista concedida a Efe, Margarit ha señalado que el punto de partida de este libro, publicado por Proa, fue el recuerdo de las viejas Casas de Misericordia, edificios en los que se alojaba en la posguerra a los huérfanos de los fusilados en la Guerra Civil.
Era terrible la imagen de esas viudas de fusilados por el franquismo que trataban de que sus hijos ingresaran en las Casas de Misericordia", evoca Margarit, quien recuerda que "fuera de aquellos siniestros edificios para los niños no había nada: la intemperie de la dura posguerra y, seguramente, la muerte".
Esa instantánea sirve a Margarit como metáfora de la poesía: "un poema es poca cosa, pero fuera de la poesía, del arte, está la intemperie, no hay nada".
En su concepción particular que tiene de la poesía, Margarit considera que "entre el artista, el poeta y el lector de poesía hay poca diferencia y, de hecho, es más difícil ser un buen lector que un mal poeta".
Para Margarit, "no hay operación poética si falla una de las tres patas del trípode poeta-poema-lector".
La lectura de la poesía abre al lector "al conocimiento de sí mismo" y de ahí la utilidad del arte: "creemos que con un móvil, un coche o una casa lujosa estamos realizados, pero, en realidad, sólo la poesía puede proporcionarnos un refugio y si no nos conocemos a nosotros mismos nos convertimos en analfabetos. Difícilmente podremos querer a los demás si no nos queremos a nosotros mismos".
En algunos de los poemas de "Casa de Misericordia" Margarit trata de tú a tú a la muerte: "si suponemos que la muerte es un enemigo, está claro que al enemigo se le tiene que conocer, nunca ignorarlo".
No percibe Margarit una diferencia entre el papel de la poesía en el siglo XXI en relación con el siglo XIX, pues "aunque en una época de miseria es más reconocible la intemperie, el vacío, que en un período de bienestar, como ahora, la estrategia de la poesía no varía, es la misma".
Precisamente, el autor hace referencia a esa doble realidad en su poema "Ciutadans" cuando en un verso anota: "espantosamente ricos y por eso espantosamente pobres".
Margarit añora la época de Van Gogh o Modigliani, en la que "había más creación", muy alejada de la actual "época del arte subvencionado, que nos lleva a un aburrimiento increíble".
"Casa de Misericordia" es además un "matar al padre" poético y por ello desprecia sin ambages "la grandilocuencia romántica y la poesía de vanguardia", las dos corrientes de las que partió su creación literaria.
Ese desprecio al Romanticismo no impide que reivindique en el mismo volumen al Gustavo Adolfo Bécquer de los versos que siguen a "Volverán las oscuras golondrinas", "un poema que se ha hecho famoso porque es el más realista de Bécquer y seguramente el menos romántico".
Para antes de fin de año, Margarit prepara un nuevo libro con todos los poemas que ha escrito en su trayectoria lírica sobre Barcelona, "enriquecido" con fotos de época y actuales, una obra que le ha permitido tomar conciencia de que "he escrito más poemas sobre Barcelona de lo que me pensaba".